sábado, 29 de enero de 2011

Carta de un militar a su esposa:
Ante todo, decirte que estoy enamorado de ti. No he emprendido este viaje sin ti, no, te llevo aquí, en un rincón de mi maleta; entre las mantas en las que bordaste mi nombre y en una foto tuya. Sabes que esto no ha sido voluntario, más bien necesario. No me quedaba otra. No ha pasado ni un solo instante desde que me llegó el comunicado que no haya pensado cómo traerte aquí. Pero desechaba una y otra vez la idea, esto no te gustaría; créeme. No te gustaría ver las sonrisas cansadas de los niños que pujan por renacer en sus rostros con vanos esfuerzos, no te gustaría ver que las películas de guerra no son tan ficticias como la gente cree. Aún así, tómate esto como unas ''vacaciones'', estoy fuera de casa y tengo todo tipo de servicios a mi disposición, cariño. Si te das cuenta dije que sólo conservaba una foto tuya cuando te dije que traía más de veinte, pues es cierto, sólo tengo una; ¿que qué pasó con el resto? Están rotas. No quería ni siquiera ver cómo tus ojos en papel contemplan esto. Sólo he dejado una en la que estás de espaldas. Sí, sería demasiado cruel dejarte ver esto. El papel se está humedeciendo, no ceso de llorar mientras que te escribo esto; se me olvida tu cara. Se me olvida besar tus labios, se me olvida el número de tu casa, se me olvida el sabor de tu tarta de chocolate, se me olvida qué canción cantabas para dormirme, se me olvida incluso tu cándida voz. Esto ha sido la pelea más dura, luchar contra el olvido, pero lo siento, ha abierto una herida mi memoria. Aquí el tiempo se pasa rápido, vertiginoso; casi dura tan poco como las armas cargadas. Me conoces bien, no soy capaz de dispararles. Espero a mi suerte cuando ellos aprientan el gatillo, entonces, esquivo. En esos momentos, en el roce de la bala con el aire vislumbro en una nebulosa de recuerdos todos nuestros momentos. Ahí es dónde de verdad veo con claridad tus rasgos, y aún estando al borde de la muerte, es el momento que más me gusta, porque me siento a tu lado. Creo que tú desde ahí eres la que me da el impulso definitivo para seguir con vida, creo que tú eres más valiosa que un amuleto de cuatro hojas. Pero has de saber, que algún día volveré. Nada dura para siempre, una guerra menos. Te lo juro, volveré a por ti, sólo has de esperarme. Cada día siéntelo como que pudiese aparecer en cualquier momento, porque será una visita inesperada. No sé de qué forma estaré a tu lado, si como tu ángel de la guarda o como tu esposo de cuerpo presente. No sé si podré volar y llevarte en brazos a Buenos Aires, el viaje que siempre te prometí pero que una vez más te he fallado; tal vez sea tarde para planearlo. No quiero que llores por mí, es lo último que espero. Aquí, allí y allá; seré siempre tuyo.

Te quiero.

Pero, no todas las historias pueden tener un final feliz. Algunas historias acaban incluso antes de que la carta llegue a su destinatario. Aunque el cuerpo envejezca y tenga un período de vida limitado, el amor es inmortal.


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